jueves, 23 de mayo de 2019

“Funcionalidad familiar y conducta de riesgo en estudiantes de nivel medio superior Jonuta, Tabasco 2011”


“Funcionalidad familiar y conducta de riesgo en estudiantes de nivel medio superior Jonuta, Tabasco 2011” 
Autores: Lizbeth Hernández-Castillo, Nelly R. Cargill-Foster, Gabriela Gutiérrez-Hernández

Palabras claves: Funcionalidad familiar, conductas de riesgo, estudiantes.


El articulo evidencia el estudio sobre la Funcionalidad familiar y conducta de riesgo en estudiantes de nivel medio superior en el  municipio de Jonuta; desde el estudio se considera la funcionalidad familiar como la capacidad para enfrentar las diferentes etapas del ciclo vital y las crisis por las que atraviesa.
    En este sentido, los autores describen la funcionalidad familiar a conducta de riesgo en estudiantes de nivel medio superior, para ello aplicaron dos cuestionarios  en una muestra de 100 estudiantes con edades entre los 15 y 19 años de edad; mediante los cuales se indagaban datos sociodemográficos, la percepción de la funcionalidad familiar; así como el consumo de alcohol, tabaco, otras drogas y el inicio de vida sexual activa.
     
    Determinando que los problemas de salud que involucran a los jóvenes son consecuencia de conductas de riesgo, tales como, el consumo excesivo de alcohol, tabaco, otras drogas e inicio de vida sexual precoz,  en las que no utilizan mecanismos de protección además de ser con múltiples parejas. Todo esto unido a otras conductas como conducir a temprana edad y sin los elementos de protección adecuados, además del uso de armas blancas o de fuego.
     
     Los resultados de la investigación realizada fueron: 56% pertenecen al género femenino y  44%  masculino, con un rango de edad entre 16 y 17 años y una media de 16.85 años.  Desde la aplicación de la Prueba de Percepción del Funcionamiento Familiar SS-FIL, el 48% de las familias son Moderadamente Funcional, el 29% Disfuncional, el 21% Funcional y 2% Severamente Disfuncional.
     
    Respecto a las adicciones el 32% ha consumido alcohol y un 24% reportó el inicio del hábito de fumar; el consumo de drogas es del  8%, siendo la marihuana la mayor droga de consumo.  El 45% de la población estudiada tiene vida sexual activa, con edad de inicio de 15 años, esta misma observada en todas estas conductas de riesgo.

      En el estudio se resalta la importancia y responsabilidad de la familia en el proceso de formación y desarrollo humano de quienes la conforman, dado que es el centro de formación en valores, jugando un rol importante en la prevención y tratamiento del inicio de consumo de sustancias.

     El análisis de los resultados encontrados la investigación identifica las principales conductas de  riesgo que afectan a la población de adolescentes  y a partir de ello, adecuar políticas públicas para la atención de dicho grupo poblacional; también teniendo presente  la relevancia de los problemas, consideran el diseño de programas de intervención educativos y de difusión a mediano plazo.


    
     Desde los contenidos analizados es posible reconocer que existen diferentes problemáticas que afectan las familias, entre estos, los adolescentes se convierten en una población vulnerable que requiere ante situaciones que emergen de la cotidianidad, ser intervenidos, entendiendo la Intervención, como una actividad dirigida a la solución de un problema práctico abordado con una estructura conceptual (Blanco y Rodriguez, 2007 pag. 27), y teniendo presente que la intervención permite que exista una involucración por parte de los integrantes del grupo focalizado en la búsqueda de las transformaciones.

  Cabe resaltar que además, de los factores de riesgo identificados en los que la disfuncionalidad familiar puede ser incidente, también, factores como la desigualdad social, en los que la pobreza afecta a variadas poblaciones, el no mejoramiento de la calidad de vida, las faltas de oportunidades, el poco o nulo acceso a la educación contribuyen a que adolescentes al no tener un direccionamiento sólido tomen otras opciones que bien pueden nutrir la pobreza misma, siendo padres a temprana edad, incrementándose el tipo de familia monoparental, sobre todo asumida por la mujer.
        
     Diferentes autores han considerado o conceptualizado sobre la desintegración familiar, una de estas es: “La desintegración familiar debe de entenderse no necesariamente como la separación y/o el divorcio, sino que es la descomposición de las relaciones entre miembros de una familia originando conflictos irresueltos y/o mal resueltos en su interior produciendo la carencia de proyectos comunes entre los integrantes de una familia.” (LAURENS, 2006).
       
     

     Es así como las adicciones, (drogas, alcohol), entre otros hechos se constituyen en causa de desintegración familiar, donde el adolescente, sufre consecuencias y deja de ver a sus padres como los mentores de su desarrollo personal, emocional e integral para la vida.
    
     Por ello, desde las políticas públicas se requiere programas de acción que garanticen el bienestar de la familia, unido a procesos de intervención en la familia, en las que partiendo de un diagnostico se promuevan las acciones pertinentes que contribuyan a la solución de diferentes problemáticas o situaciones que se visualizan en el interior de estas, independientemente de su tipo o forma de constitución, promoviendo el fortalecimiento de su bienestar físico, emocional y a la vez psicosocial, mediada por acciones preventivas y educativas, entre otras.



     El psicólogo, como profesional que interviene a la familia, debe contribuir al desarrollo humano de sus integrantes para que sea competente a lo largo de su ciclo de vida, manteniendo la confidencialidad de lo que le sea conferido, respetando la dignidad de quienes son asistidos por su ejercicio; el psicólogo deberá realizar siempre sus intervenciones en concordancia con los principios eticos y/o bioeticos  propios del quehacer, buscando siempre el bienestar de cada individuo y del sistema familiar.

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